sábado, septiembre 25, 2004

Chávez el dictador y la complacencia de ZP

Todo el mundo sabía que la victoria del dictador Hugo Chávez en el referéndum venezolano de hace poco más de un mes se convertiría en el punto de partida para una renovada revolución al más puro estilo stalinista. Lo que no se presumía es que esto iba a hacerse tan rápido. En poco más de un mes, sus acólitos en el gobierno venezolano ya están enredando con una enmienda constitucional que hará posible la reelección del sátrapa tantas veces como desee, quizá hasta 2021 (!) como ha sugerido alguna vez. Los parecidos con Castro son cada vez más abrumadores. Pero no sólo eso. Hay otras cuantas leyes sobre el tapete que no harán sino blindar el absolutismo de Chávez; así, se propone "una ley de prensa para censurar a los medios privados, y una ley de policía que le quitaría a los alcaldes opositores el mando de sus fuerzas policiales" (Oppenheimer); la ventaja teórica de esto es que las potenciales leyes tendrían que pasar por la Corte Suprema para su aprobación, además de por el Parlamento. Pero es que el dictador se las sabe todas y hace unas semanas "aumentó el número de jueces de la Corte Suprema de 20 a 32, llenándola de jueces leales a él". En este momento la oposición venezolana está desmembrada. Siguen criticando el fraude en el revocatorio -con razón, posiblemente- pero se están olvidando de hacer el resto. Por eso quizá, la única manera de ir frendando la consolidación de la dictadura más que incipiente sea la presión internacional. Más vale prevenir que lamentar. Y en eso están las democracias occidentales; aparte está el caso de España que para hacer el ridículo en la arena internacional se pide prime: estos días Bonísimo ha estado en Venezuela "como enviado especial de José Luis Rodríguez Zapatero, para reactivar las relaciones con Chávez y prometerle todo el apoyo a su revolución" (El semanal digital) y en noviembre, el dictador vendrá a visitar a Zetapé para estrechar las relaciones bilaterales (La Hora). No se a ustedes, pero a mí esto me deja un regusto entre vergüenza y arcada. Con reacciones así Chávez se perpetuará al frente de Venezuela sin ninguna duda. Nunca tuvo más sentido la frase de Acton: "El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente". Qué tendrá el poder que es como el rascar, empezar y no parar.

jueves, septiembre 23, 2004

Jiménez Losantos y los libertarios

No es la primera vez que se lo oigo o se lo leo, pero esta vez lo ha dicho bastante clarito en los Diálogos de LD:
Pregunta: ¿Qué opina del Partido Libertario estadounidense? Si tuviera posibilidades de ganar, ¿votaría a éste o al republicano? Jiménez Losantos: Al republicano. No es que me entusiasme, pero es el que tiene más liberales en el sentido español y europeo del término. Los libertarios me parecen oportunistas de derecha, aunque esto no sea decir mucho. Menosprecian el papel esencial del Estado y del Derecho en el libre mercado. A mi juicio, claro.
Suele ser un procedimiento muy curioso este de apropiarse de algunos vocablos. Ya se sabe que la locura terminológica en torno al liberalismo es el cuento de nunca acabar, pero no estoy de acuerdo con don Federico en el concepto de "liberalismo en sentido europeo". Tan liberal en sentido europeo fue el padre Victoria, como Mises, pasando por Hayek, Gray, y hasta cierto punto incluso la Thatcher. No suele ser un buen procedimiento epistemológico el de dividir en pequeños compartimentos estancos conceptos ricos semántica e ideológicamente. Una propuesta con base en la lógica difusa, muy de moda en las ciencias sociales: las categorías fuzzy, esto es, categorías difusas o no discretas. En mi opinión, si entendemos en concepto 'liberalismo' como una categoría no discreta -como un continuum-, nos ahorraríamos unos cuantos problemas, además de la engorrosa clasificación.

domingo, septiembre 19, 2004

De lenguas y millonadas

Hoy publica La voz de Galicia un interesante artículo sobre el estatus de las lenguas en la Unión Europea. Ofrece algunos datos escalofriantes para cualquier liberal:
Un batallón formado por 1.360 lingüistas, 950 intérpretes y 600 auxiliares han convertido la Unión Europea (UE) en el mayor servicio de traducción del mundo, y a la ciudad de Bruselas en una moderna torre de Babel erigida con veinte idiomas oficiales, que van del inglés y el francés a otros más exóticos como el magiar, el maltés o el suomi. En medio de esta barahúnda, el Gobierno español está negociando en los últimos días un estatus más alto para lenguas como el catalán y el gallego, pero hay grandes obstáculos que convierten esta tarea en algo casi imposible.
Lo primero que asombra es esa ingente cantidad de funcionarios a costa de las lenguas que contribuyen a hacer de la burocracia europea quizá la más pesada del mundo occidental. Claro, mantener todo este entramado cuesta su dinerito, y si Zapatero cumple lo que acordó con los nacionalistas "convertir el gallego en idioma oficial de la UE costaría 30 millones al año", que no es moco de pavo. Cualquier liberal estaría en contra de esta propuesta, naturalmente. Sin embargo, los que vivimos en Comunidades Autónomas con dos lenguas oficiales (en mi caso Galicia, pero me consta que sucede igual en Cataluña y en el País vasco) tenemos un problema similar. En teoría, cualquier documento oficial de la Xunta de Galicia tendría que estar redactado tanto en gallego como en castellano, al igual que cualquier papel para realizar los tan costosos trámites para casi todo. En este caso, cualquier liberal estaría de acuerdo conmigo en que los ciudadanos de Comunidades bilingües pueden exigir que dicho documento esté en su lengua habitual, sea el castellano, el gallego, el vasco, el catalán o algunos otros. La cuestión es que esto favorece la libertad individual, una libertad que pagamos con nuestros impuestos, valga la contradicción. ¿Qué quieren que les diga? Habrá más entregas, porque el tema no es menor. Se admiten propuestas.

jueves, septiembre 16, 2004

Cita con ángeles (y demonios): Una crónica

Entré de los primeros y es que no me quería perder nada. Tuve la suerte de colocarme en primera fila, a un metro del escenario. A mis espaladas, en un fondo del pabellón de As Travesas de Vigo, algo parecido a esto:

A mi lado, un matrimonio de nostálgicos con banderas de Cuba, de Galiza Ceibe (Galicia Libre, se entiende) y demás ingeniosidades, por no decir gilipolleces; al otro lado: una especie de pija underground (cuidadosamente desaliñada) con la banderita de marras restregándose con su novio, se supone; cada dos metros, camisetas del Che, que se deben vender más que las Nike. A las diez y media no cabía un alma más: éramos 5.500. Entró. Alguien gritó "¡yankis asesinos!". Pues vale. Supongo que el kamarada del gritón le daría unas palmaditas en la espalda. "¡Libertad para los cinco!", nosequién. El macho del matrimonio de antes: "¡Viva Fidel!". Me separé un poco de ellos por las arcadas que me produjo. La verdad es que ya me lo imaginaba, pero ni así me lo iba a perder. Silvio Rodríguez se sentó, tocó cuatro acordes y me compensó la cantidad de sandeces que tuve que oír durante toda la noche. Mi amigo me decía: "cómo es que vienes si aquí son todos rojos, y Silvio no te digo". Típico de muchos de izquierda, que se proyectan. Que ellos no sean capaces de estar con gente diferente no significa que los otros sean iguales (quizá sea porque no entienden eso de la libertad). Pues tenía razón mi amigo Toño, pero es que no se puede ser tan sectareo como para no reconocer la genialidad de algunos trasnochados: Silvio, Santiago Feliú, García Márquez, Neruda, en fin. El concierto duró dos horas y media y fue fantástico. La gente interumpía muchas veces con aplausos, cantamos Ojalá, Te doy una canción y otras más. Tocó todo el nuevo disco, Cita con ángeles. Tras una canción indigantemente buena en la que hablaba del 11-S, Afganistán e Irak -¿cómo no?-, 5499 personas empezaron a vitorear "¡Cuba sí, yankis no!", todo un prodigio de originalidad. El matrimonio del lado eran los que más gritaban, para mi desgracia. Cuando se callaron, Silvio dijo: "Ojalá más temprano que tarde podamos decir Cuba sí, yankis también". La muchedumbre se excitó, quizá creyendo en un futuro que USA sería una cárcel comunista como Cuba; yo aplaudí como el que más, por la inversa: a ver si se vuelve como Occidente. Siguió tocando, a veces con un cuarteto de jovencísimos fenómenos, Trobarroco, a veces sólo, en la mínima expresión de una voz y una guitarra. En otro momento de silencio alguien perpetró otro "¡Viva Fidel!"; todos esperaron que Silvio alzara su puño y gritara un buen ¡viva! comunista, pero dijo "Viva Galicia". A mí me dio la risa. Sobre todo por la cara de "casi lo dice" que tenía el matrimonio. También botó el pabellón entero con el tan famoso "Nunca Mais", que alguien empezó a gritarlo porque sí, ese procedimiento tan de izquierdas. Silvio siguió tocando y eso era lo que yo había ido a ver. Al final, una concierto memorable. Todos los que allí estábamos y los que aquí estáis sabemos que Silvio es uno de los más abyectos defensores del régimen cubano desde lo alto de su mansión. Lo bueno es que si algún día no muy lejano la dictadura cubana cae, Silvio seguirá haciendo las delicias a quienes, como a mí, apasiona la música de cantautor. Por cierto, ¿dónde están los cantautores de derechas? Igual están y Polanco no los deja salir, a saber. Un último apunte para quien le interese: hay otros cantautores mejores que Silvio y mucho menos -por no decir nada- nostálgicos del Gulag. El mexicano Fernando Delgadillo es el mejor ejemplo.

De vuelta

Bien. Llevaba casi un mes sin escribir nada por culpa de ese eufemismo de los "compromisos académicos". La verdad es que la actualidad durante este mes ha estado cargadísima, pero es que el presente y el futuro inmediato, viendo lo visto, van a estar mucho mejor, no hay duda. Total, que bienhallados de nuevo.