viernes, febrero 25, 2005

Los libros de la ESO

No existe en la Universidad española dos licenciaturas tan ancladas en la izquierda como la pedagogía y sociología. En general, todas las ciencias sociales hunden sus bases en modelos intelectuales donde la importancia del individuo desaparece en favor de la colectividad. La mayoría de las veces no se debe a motivos puramente epistemológicos, moetodológicos o procedimentales, como puede parecer 'lógico' en el caso de la sociología -algo falso, por otra parte: se puede analizar la sociedad desde una perspectiva individualista. Más bien, lo que encontramos es que la ideología es la que guía las investigaciones en ciencias humanas. Esto es terrible, pero no es el tema que quiero tratar ahora. Últimamente he tenido que elaborar un trabajo sobre los sistemas pedagógicos que subyacen en algunos libros de texto de lengua y literatura castellana de la ESO. Uno se encuentra de todo, desde libros producidos desde las enseñanzas más tradicionales, hasta las más modernas, cercanas al enfoque comunicativo. Lo que sí aparece en todos los libros que he analizado es un trasfondo ideológico absolutamente atroz, y estoy hablando de libros de lengua y literatura, no quiero ni pensar cómo serán los de historia, geografía, economía y demás. Pongo un fragmento increíble situado bajo el epígrafe "El mundo y España desde los años setenta" de un libro de 4º de ESO, el que el año pasado tuvo que soportar mi hermana pequeña en sus clases: J. A. Martínez Jiménez, F. Muñoz Marquina, M. A. Sarrión Mora, Lengua castellana y literatura 4º ESO, Ed. Akal, Madrid, 2003, pp. 330-1.

Frente a la prosperidad anterior, en los setenta se produjo una honda crisis económica, una de cuyas causas fue el alza de los precios del petroleo provocada por la guerra entre árabes e israelíes de 1973. Con la crisis, se propagaron las doctrinas ultraliberales que predicaban la moderación de los salarios y el esmantelamiento del Estado del bienestar, al que consideraban despilfarrador y culpable de la inflacción. En esta línea, llegaron al poder en los años ochenta gobiernos de ideología muy conservadora. El neoliberalismo se ha correspondido con la mundialización de la economía: bajo la bandera del libre mercado, las multinacionales han fortalecido su dominio y los Estados se han sometido a los organismos internacionales defensores del liberalismo, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Además, el desarrollo del capitalismo en las últimas décadas ha propiciado dos fenómenos importantes más: el desplazamiento de las industrias a los países con salarios más bajos y el avance de la tecnología de las comnicaciones y de la información.

En las relaciones internacionales, la crisis económica, la derrota en Vietnam y las revoluciones de los setenta (sobre todo, las de Nicaragua e Irán) contribuyeron a crear en Estados Unidos un sentimiento de humillación que explica el imperialismo agresivo de los años ochenta con el presidente Reagan y sus actos de fuerza contra objetivos fáciles como Libia, la isla de Granada o Panamá. Por otra parte, la guerra fría se da por terminada con el súbito derrumbe de la Unión Soviética (1989-1991), acontecimiento que suponía el final de las ilusiones que en su momento había despertado la revolución rusa. Pero no por ello han concluido los conflictos internacionales, como por ejemplo, la Guerra del Golfo en 1991 (una coalición dirigida por Estados Unidos destruyó al ejército de Irak, con el fin de asegurarse el suministro de petróleo), la guerra de Yogoslavia o la cruenta destrucción de dos rascacielos en Nueva York en 2001, que desencadenó como represalia la invasión estadounidense en Afganistán.

En las costumbres, la tendencia a la uniformidad en hábitos y formas de vida es un hecho en todo el planeta, donde se pueden consumir los mismos productos y hasta de idénticas marcas. A esta realidad contribuye el desarrollo de los medios de comunicación, que llevan similares mensajes y modas a los lugares más dispares. Uno de los muchos efectos de esta globalización ha sido la incontenible avalancha de inmigrantes que llegan a los países ricos.

Y sigue. Pondría todo lo que me ha llamado la atención en negrita, pero es que quedaría todo el texto marcado. Sólo dos cositas, que no son ni las más importantes ni nada, sólo por pura curiosidad. Me da escalofríos cómo se pueden sintetizar tres mil muertos, atentado terrorista, sangre, desolación, muerte, asesinato en la palabra "cruenta" al final del segundo párrafo, como si la nota importante que desencadenó el ataque-defensa de USA fuera la "destrucción de dos rascacielos" y no la sangre y los cadáveres en las calles de Nueva York. Y otra más: me llama poderosamente la atención la relación causa efecto que se da en el último párrafo entre globalización e "avalancha de inmigrantes". Y es que como todos sabemos, la causa de que alguien emigre y deje todo para ir a un país donde quizá le puedan ir mejor las cosas es la globalización, y no que, posiblemente, en el país de origen hay una dictadura socialista como en Venezuela o un Gulag como en Cuba o una tiranía disfrazada de democracia (ya se sabe, hambre para todos) como en el norte de África. Uno se queda pasmado.

jueves, febrero 24, 2005

viernes, febrero 18, 2005

Eduardo Haro Tecglen

No merece comentarios. Hoy publica esto:
El miércoles estuve desasosegado, con la sensación de quien olvida algo importante. Ahora cada día se olvidan algunas cosas más, pero el consuelo es el de saber que no hay nada importante en el recuerdo: se vive cada hora. Quizá sea mejor recordar lo malo que lo bueno: lo malo activa, hace tomar posturas. Lo bueno da una esperanza en el pasado que es completamente mefistofélica. Lo he recordado después: era 16 de febrero, y ese día en 1936 hubo elecciones generales en España, que ganó el Frente Popular. Yo era del Frente Popular, lo era mi padre y su periódico (La Libertad) y yo estaba en esa tradición, y encargado (por mí mismo) de seguir llevándola adelante. Para mí y para algún otro hijo del desastre, esa manera de concebir la vida equivalía a ser neutral: no ser de ningún partido, no aspirar a ningún mando, no limitar las ambiciones, sino separar el bien del mal. Qué duda cabía que el bien era la izquierda; aún sigue siendo así. Qué duda cabe de que el librepensamiento es superior al dogma. Todo esto me rondaba el miércoles sin terminar de manifestarse. Sale después. Salen los recuerdos: los centros de los partidos políticos de la izquierda donde me daban las candidaturas del FP para repartir en las esquinas, sin que hubiera para nadie jornada de reflexión ni monsergas. Yo iba a cumplir doce años y tenía, como era normal, las ideas bastante claras. Entonces no se trataba de infantilizar y reducir a los niños, sino de que fueran adultos y se hicieran cargo de lo que pudieran en esa ceremonia rota que era vivir. Eso ha venido después, con un cierto sentido del orden: se ha aceptado la reducción de la mayoría de edad, pero se ha retrasado la de la entrada en la vida. Se infantiliza a los jóvenes y a los viejos (a los que se dejan), para que flote un meollo de poder en una edad mediana. Se gritan los derechos de las mujeres, pero se les paga menos; se defiende la humanidad de los inmigrantes, pero se les explota. Bien, el 16 de febrero de 1936 fue una jornada importante. Se abrieron algunas celdas para que su encerrado fuese al poder, como en 1931. Gil Robles y Lerroux, que habían adulterado la República, perdieron. Más de lo que creían: ni Franco les admitió luego. O sea, después del 18 de julio de 1936. Da grima ver que queda más del 18 de julio que del 16 de febrero.
Valiente, valiente. Como muchos sabréis -pero no está de más repetirlo de vez en cuando-, el 20 de noviembre de 1944 escribía en en periódico Informaciones uno de sus artículos más memorables, "Dies Irae", al dato:
La voz de bronce de las campanas de San Lorenzo, el laurel de fama de la corona fúnebre, la piedra gris del Monasterio, los crespones de luto en todos los balcones del Escorial, los dos mil cirios ardiendo en el túmulo gigantesco coronada por el águila del Imperio que se eleva en la Basílica, lloran en esta mañana, con esa tremenda expresión que a veces tienen las cosas sin ánimo, la muerte del Capitán de España. Hasta el sol y el paisaje han cubierto su inmutable indiferencia con el velo gris de la lluvia y la niebla, y cae sobre la ciudad –lacrima coeli- una llovizna fina y gris. El subconsciente nos ha repetido sus frases, sus profecías, sus oraciones; y no ha sido voz de ultratumba la suya; ha sido voz palpitante de vida, de la vida y el afán de todos estos magníficos camaradas de la Vieja Guardia, del Frente de Juventudes, de la Sección Femenina... La doctrina del Fundador vive en ellos como en aquellos tiempos, y si el cuerpo de José Antonio está muerto bajo la lápida, su espíritu tiene calor de vida en la de todos los camaradas de Falange. Se nos murió un Capitán, pero el Dios Misericordioso nos dejó otro. Y hoy, ante la tumba de José Antonio, hemos visto la figura egregia del Caudillo Franco. El mensaje recto de destino y esperanzador de historia que José Antonio traía es fecundo y genial en el cerebro y en la mano del Generalísimo. Y así, en este día de dolor –Dies Irae- a las once –once campanadas densas de todos los relojes han sido heraldos de duelo- la corona del laurel portada por manos heroicas de viejos camaradas ha llegado a la Basílica y, entre la doble fila de seminaristas –cirios encendidos en sus manos- ha pasado el Patio de los Reyes y ha entrado en el crucero. Ha sido depositada sobre la lápida de mármol donde grabado está el nombre de José Antonio y la palma de honor y martirio. Había dolor en todos los semblantes. Mientras el coro entonaba el Christus Vinci y los registros del órgano cantaban la elegía del héroe muerto, a nosotros nos parecía oír la clara palabra de José Antonio elevarse allí donde el mármol vela su cuerpo. Una alegría tenemos; la de ver que a José Antonio sucede un hombre tan irme y sereno como el que lleva a España por los senderos que él marcó. [en Enrique de Diego, Los nuevos clérigos, Libros Libres, Madrid, 2004, pp. 180-1; Cfr. todo el capítulo aquí.]
Sí señor, valiente. Valiente fascista.

martes, febrero 15, 2005

Libertad Digital, nº 2

Mi enhorabuena a todos los que hacen (y hacéis) Libertad Digital por los tremendos resultados. Sin duda LD es un referente para la gran mayoria de la derecha española, sobre todo para los jóvenes. De todas formas, y en honor a la verdad, creo que desde la salida del PP del poder en algunos aspectos este medio se ha inclinado mucho más a la derecha. Si antes era más liberal que conservador, ahora es, por lo menos, igual de liberal que de conservador. Da igual. Sigue siendo, con diferencia, la línea editorial más cercana al pensamiento del que esto escribe.

sábado, febrero 12, 2005

Hoy Mingote está fantástico. Toda una triste realidad.